El paisaje de un bello valle está repleto de una gran variedad de animales y el Lórax es el encargado de cuidar del bosque y sus habitantes. Pero un ambicioso enemigo corta un árbol de codiciadas trúfulas y amenaza con cortar aún más. Años después, en un mundo sin árboles, el joven Ted se aventura más allá para conseguir un árbol de trúfulas como regalo para Audrey, la chica que le gusta. Pero cuando Ted conoce la historia del Lórax se decide a cambiar de idea e intenta salvar el bosque.
Flish fluquin Hace unos años, ver una película de dibujos animados podía ser un sinónimo de infantilismo; hoy en día las obras dibujadas tratan de tú a tú a las reales, e incluso algunas se permiten el lujo de mirarlas por encima del hombro. Por eso, cuando vemos una peli animada con clara vocación infantil, correctita pero blandita como un merengue, nos sabe a poco. Ese es el caso de Lorax: En busca de la trúfula perdida, una obra correctamente facturada técnicamente, personajes simpatiquitos, mensaje ecologista y poco más, por mucho que se trate de la adaptación de uno de los relatos del Dr. Seuss, escritor norteamericano de literatura infantil famoso por personajes estrambóticos y repelentes como el Grinch, el Gato en el sombrero y el elefante Horton, habitualmente interpretados por cómicos como Jim Carrey o Mike Myers en su versión más cargante, al desplegar toda su colección de tics y muecas pese a llevar un disfraz con capas de látex más gruesas que el de Godzilla.



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